Es importante que cada nota escrita sea relacionada con un sonido, y cada norma impuesta demuestre su razón de ser por el mal efecto que produce el hecho de no ser observada. En las clases presenciales, el piano siempre se había encargado de mostrar el resultado sonoro de los ejercicios, pero durante el tiempo de confinamiento se hizo necesario buscar otros recursos.

La solución perfecta era animar al uso de un editor digital de partituras, como el musescore, que no sólo permitía escuchar los trabajos, sino que además abría una puerta al mundo digital aplicado a la música cuyo conocimiento es hoy en día más y más imprescindible.

Aprovechando la capacidad del programa para agregar instrumentos, me pareció oportuno instruir a los alumnos que voluntariamente quisieran sobre las sonoridades de los instrumentos sinfónicos y la manera de distribuirlos y agruparlos por secciones en la partitura.

Un pequeño grupo de 3º de Enseñanzas Profesionales, los alumnos más jóvenes, que comenzaron este curso con las primeras nociones de la armonía, llegaron a componer pequeñas piezas sinfónicas, cuyo resultado sonoro es muy interesante, además de una presentación impecable de la plantilla orquestal y todos sus instrumentos.

Obviamente, el formato de las piezas es siempre el mismo y obedece a los principios didácticos elementales del estudio de la armonía: Compás de 2/2, dos frases de 8 compases cada una con semicadencia en el 4º compás y fórmula cadencial final. Dos modulaciones en cada frase y, fuera de la estructura armónica en blancas, una o dos melodías ornamentadas. Forma musical ternaria.
A pesar de la similitud formal de las piezas y como ocurría en épocas del pasado, cada compositor tiene su propio sello.

Aquí presento, por orden alfabético, las 6 piezas que llegaron a culminar.

Alejandro (acordeón)
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Lorena (piano)
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María (canto y guitarra)
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Mireia (guitarra)
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Patricia (piano)
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Sara (flauta)
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